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Vida e obra del poeta afrocubano Juan Francisco Manzano

Alrededor de 1835, patrocinado por un grupo de literatos, el poeta afrocubano Juan Francisco Manzano escribió una biografía de sus experiencias en cautiverio. El manuscrito, después de minuciosas revisiones y modificaciones hechas por varios miembros de dicho grupo, fue traducido al inglés y publicado en Londres, como parte de los esfuerzos abolicionistas para poner un fin a la esclavitud en América.

Para Manzano, aún esclavo, la redacción de su autobiografía fue un trabajo temerario, lleno de dificultades de orden práctica y política. ¿Cuánto decir, cuánto omitir? ¿Hasta dónde aquellos hombres blancos, ricos, en apariencia tolerantes, eran capaces de oír y aceptar? Su autobiografía es un texto lleno de huecos protuberantes, elipsis conspicuas, entrelíneas prolijas. Se necesita una lectura atenta para descifrar sus silencios.

La marquesa de Prado Ameno —antigua propietaria de Manzano— y su hijo Nicolás, ambos destacadamente representados en su obra, aún estaban vivos al ser escrita la autobiografía. Nicolás, incluso, formaba parte de la misma sociedad literaria que encargó el trabajo.

Luego, de un lado, los objetivos antiesclavistas del grupo exigían un documento que demostrara los horrores de la esclavitud; del otro, al hacerlo, los villanos del relato serían necesariamente los propios miembros del grupo, pues todos poseían esclavos o eran de alguna manera dependientes de la economía esclavista.

La autobiografía de Juan Francisco Manzano nos presenta un héroe inteligente frente a una tarea imposible: denunciar la esclavitud sin ofender a los esclavistas. En juego estaban su vida y su libertad. Aparentemente, el poeta logró navegar por entre las rocas con rara destreza: esa misma sociedad promovió una colecta de dinero y le compraron su libertad.

La voz de Manzano

Manzano aprendió a leer y a escribir por su cuenta, en un ambiente donde se castigaba o ejecutaba a los esclavizados si eran sorpren-didos en esa actividad. Naturalmente, su conocimiento de la norma ortográfica era débil.

Muchos literatos de aquella época, y otros contemporáneos, no resistieron la tentación de reparar su prosa, mejorar su estilo, reescribir su texto, sin darse cuenta de que trataban las palabras de Manzano con tiranía similar a la que sintió él en carne propia. “Basta […] con pasar en limpio ese texto, librándolo de impurezas, para que resalte en toda su sencillez la forma clara y emotiva en que Manzano cuenta sus desdichas”, escribió Max Henríquez Ureña.

Pero esa idea de que bajo las frases desarticuladas, los párrafos jadeantes, la sintaxis distorsionada y la ortografía idiosincrásica de Manzano, está aprisionada una narrativa cristalina; esa noción de que el texto impuro necesita de un editor para hacerlo legible; la propia negación de que el documento original sea legible en sus propios términos, son tajos de azotes siempre renovados a lo largo de los siglos. Es como si jamás hubieran cesado sus torturas.

La autobiografía de Manzano es mayor que su contenido. Su forma de escribir es el mejor autorretrato que nos queda de su persona, su mayor contribución a la literatura. Sus errores ortográficos, gramaticales y sintácticos nos inspiran respeto: no son errores y sí marcas concretas y verdaderamente reales de la esclavitud, iguales a los tajos de azote en su carne. Corregirlos significa borrar su historia, silenciar su sufrimiento, enturbiar su vida.

La narrativa de Manzano no es más difícil de leer que la de William Burroughs, Thomas Pynchon o la de Lezama Lima. Sin embargo, es más provechosa. Manzano realizó el sacrificio de escribir. ¿Seremos capaces de leerlo?

Una salvedad

Maestros como John Beverly y Gayatri Chakravorty Spivak alertaron que por detrás de la buena fe del intelectual solidario y comprometido, ayudando al subalterno a expresarse, está la construcción literaria neocolonial de un “otro” con quien no podemos comunicarnos de ese modo, evitándonos la ansiedad que nos causa el hecho concreto de la diferencia y reafirmando la naturalidad en nuestra situación de receptores.

Corregir a Manzano equivale a ubicarlo en la posición del “otro”, que no consigue expresarse por sí mismo, y a la vez situarnos en la confortable posición de lectores normativos y normalizados para quienes las palabras del “otro” se deben adaptar para que puedan consumirse con mayor comodidad.

Los hechos concretos de la esclavitud están disponibles en cualquier libro de texto. Sabemos que los esclavos eran apartados de sus familias, que eran explotados y torturados, y que morían jóvenes. Y esto ocurrió con millones de personas, tan únicas e inteligentes, capaces y sensibles como nosotros mismos. Sin embargo, saber no es suficiente.

La dádiva que Manzano nos ofrece —en este texto cuya existencia y supervivencia son dos pequeños milagros— es la oportunidad singular de experimentar la voz de una de esas personas.

No basta solo con conocer los hechos y episodios de la existencia de Manzano, hay que dejarse llevar por su voz, aprender su ritmo y entrar en su vida.

Cómo leer a Manzano

El mejor modo de encontrar el sentido de un texto marcado por un fuerte registro oral y una puntuación irregular es leerlo en voz alta. De ese modo, las construcciones, al principio confusas, tendrán sentido de repente; los sujetos se asociarán a los verbos correctos y las pausas se revelarán instintivamente.

Nuestro desafío como lectores es prescindir de los hábitos adquiridos de lectura silenciosa, abrazar la oralidad de la prosa manzaniana y dejar que el texto hable por sí mismo.

Puede ser difícil romper la normatividad de nuestro modo tradicional de leer. No obstante, la recompensa es experimentar los diferentes caminos que la literatura en prosa podría haber seguido si la llegada de la puntuación no hubiese restringido la diversidad textual.

El texto consultado

En la Sala Cubana de la Biblioteca Nacional José Martí se encuentran dos versiones manuscritas de la autobiografía de Juan Francisco Manzano.

Una tiene una caligrafía refinada que no es de Manzano, perfectamente pasada en limpio, sin correcciones o borrones de cualquier tipo, y sigue la norma culta del español de su época en lo que se refiere a reglas de ortografía y puntuación.

La otra, un manuscrito autógrafo, hace una valiente tentativa de seguir la norma culta de su época, pero sin éxito. La ortografía y la sintaxis son idiosincrásicas y su puntuación es casi inexistente. Las primeras páginas muestran una preocupación en separar párrafos y corregir el texto, borrando o aumentando partes; pero breve, quizá durante el entusiasmo al escribir. Después, todo ello es olvidado y su narrativa progresa precipitadamente, terminando sin desenlace.

Sin embargo, vale la pena destacar que algunos de los borrones y añadiduras en ese manuscrito parecen hechos por otras personas. Es también posible que Manzano haya producido una versión posterior de su autobiografía, corregida y mejorada, más fiel a sus intenciones que el manuscrito autógrafo, que pudo haber sido nada más que un borrador. Pero cuando se trata de textos antiguos, en particular los escritos por “personas subalternas”, solo podemos tener suposiciones.

En las dos recientes ediciones cubana y brasileña de la autobiografía de Manzano, e en ese sítio Web, las fotos y la transcripción son del manuscrito autógrafo.

La autobiografía de Manzano en la actualidad

En los Estados Unidos, Europa e Hispanoamérica hay varias traducciones, adaptaciones, ediciones críticas, artículos y tesis acerca de Manzano y su autobiografía.

Considerada como una precursora del testimonio —el género literario que busca dar voz a los grupos sociales subalternos— su trabajo nos posibilita ser testigos del poder de la palabra escrita y, aun más, del impacto transgresor en la vida de una persona hasta entonces amordazada.

Desafortunadamente, es en los dos mayores centros esclavistas de América que su autobiografía es menos leída.

En Brasil, la primera edición fue publicada solamente en 2015, organizada por mí, Alex Castro.

En Cuba, su tierra natal, el texto apareció por primera vez en 1937 —un siglo después de haber sido escrito— y fue reeditado en 1972, con pocas reimpresiones desde entonces.

En 2015, Ediciones Matanzas publicó una nueva edición cubana, con los mismos prefacio y notas de la edición brasileña, también organizada por mí, Alex Castro.

En la crítica literaria e historiografía cubana la autobiografía de Manzano es poco difundida. Es una lástima, pues constituye un excelente documento histórico acerca de la vida de los esclavizados, sobre nuestros abuelos y abuelas que vivieron en cautiverio.

Alex Castro
Copacabana, Rio de Janeiro, junio de 2015

(El texto arriba se refiere a la edición cubana de la Autobiografía de Manzano, publicada por Ediciones Matanzas en 2015.)

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  • Juan Francisco Manzano, poeta en la isla de Cuba, fue la única persona esclavizada latinoamericana a escribir una autobiografía sobre su experiencia en el cautiverio.

    A autobiografia do poeta-escravo, de Juan Francisco Manzano

    A autobiografia do poeta-escravo, de Juan Francisco Manzano. Edição, tradução, introdução e notas de Alex Castro. (São Paulo: Editora Hedra, 2015.)

    Autobiografía, de Juan Francisco Manzano

    Autobiografía, de Juan Francisco Manzano. Edición, introducción y notas de Alex Castro. (Matanzas: Ediciones Matanzas, 2015.)